F.U.M.A.

Franja Unitaria por la Marihuana Autocultivada

jueves, septiembre 28, 2006

Seamos realistas: legalicemos la marihuana

legalizeEncontre este artículo en el diario GranValparaiso, y aun cuando está un poco enfocado al tema de la pildora, sigue siendo interesante respecto de los argumentos para la legalización de la marihuana.

Prohibición sólo sirve para enriquecer a traficantes y expone a graves riesgos a los adictos y los mismos argumentos usados para entregar la píldora del día después a niñas de 14 permitirían que cada quien tuviera su macetero con un par de matas

Raúl Gutiérrez V., editor del GRANVALPARAISO.CL
(25/09/06)

LA ENTREGA DE la píldora del día después a adolescentes desde los catorce años de edad fue justificada inicialmente por las autoridades con una alusión al imprescindible realismo que debe animar las decisiones de cualquier Gobierno. Con posterioridad, esta argumentación un tanto abrutada, propia de su personalidad, que desplegó el Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, a propósito de esta medida inconsulta, procuró transmitir a la ciudadanía el mensaje de que una niña que teme haber quedado embarazada contra su voluntad deja de manifiesto el fracaso de una serie de instancias e instituciones.

Que una niña inicie su vida sexual a los 14 años e incluso antes, y que quede encinta deja en evidencia, de partida, una enorme soledad afectiva, sutileza que el Secretario General de Gobierno ni ninguna de las tiernas integrantes del equipo de mujeres más allegadas a la Presidenta han sido capaces de detectar y procesar porque parece que en este aspecto poseen ellas una sensibilidad a la de un camionero o un pirquinero. Sólo cuando se asume la variable soledad afectiva puede comprenderse que una niña apenas púber haya iniciado su actividad sexual (y una vez que la comienza, difícilmente la suspende y más extraño es que se limite a una sola pareja).

En el caso de adolescentes en estratos medios y altos, esa falencia, con claros efectos perniciosos, a los que nadie en este debate se ha referido, sobre la personalidad de ese adolescente, todavía en formación, puede ser “solucionado” mediante la ingesta de la píldora del día después... y supuestamente “aquí no ha pasado nada”. La muchacha queda, supuestamente, cero kilómetro para lanzarse otra vez a la vida... siendo muy probable que tropiece con la misma piedra. Total, la solución parece tan simple.

Una niña que posee vínculos afectivos y emocionales saludables con su madre, y sobre todo su padre, no caerá fácilmente en brazos de un seductor mayor o de edad semejante, porque dispondrá de actividades y vínculos que no le harán imprescindible satisfacer vicariamente necesidades emocionales muy intensas. Porque lo que los patanes que se las dan de modernistas y progresistas ignoran es que esas adolescentes que se van a la cama tan prematura y fácilmente no andan en búsqueda sólo de placer sexual y de emociones fuertes, sino de afecto, reconocimiento, compañía.

No es sólo entonces ignorancia o desaprensión en el uso de métodos anticonceptivos lo que se detecta detrás de las niñitas que se embarazan; son problemas más graves. Hay aquí una falla de la madre, del padre y del entorno familiar; hay una inmadurez difícilmente criticable en el caso de la protagonista; hay también una actitud irresponsable de parte del muchacho o el hombre que ha tenido juegos sexuales con la menor; y existe también, por supuesto, ignorancia en materia de anticonceptivos. Han fracaso también los profesores, los parientes, los compañeros, que no han podido suplir el déficit emocional que esa criatura exhibe, o que no han sabido o han sido incapaces de entablar puentes de comunicación para que la tragedia de un embarazo no deseado se consume.

En ese escenario, han proclamado las autoridades que al Estado no le queda más que optar realistamente por el mal menor, y ése es la píldora del día después, a objeto de evitar que el resultado final sea un hijo no deseado que le complique la existencia a la adolescente y al progenitor de la criatura, y a las familias de una y otro, porque de acuerdo a la demencial ley de pensiones que nos rige los abuelos de la criatura pasan a ser también responsables de la mantención de la misma.

Admirable el realismo que evidencian nuestras autoridades frente a este tema. Sería deseable, por cierto, que esa misma cualidad impregnara muchas otras decisiones que adoptan las autoridades, tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo e incluso del Judicial. Por ejemplo, habría que arbitrar otras urgentes medidas en relación con nuestra juventud, en especial de aquella que proviene de sectores modestos.

Constituye un hecho irredarguible, porque no se puede tapar el sol con una mano, el masivo y creciente consumo de drogas en los más amplios sectores de nuestra sociedad, en especial de nuestra juventud. Ella ahoga sus frustraciones y déficit emocional en licores, vino y cerveza; pese a la prohibición de expendio de estos productos a menores de 18 años, los subterfugios para hacerse de botellas o de latas son innumerables, y ahí están las cifras inquietantes de quien quiera examinarlas. Quien quiera puede darse una vuelta por playas de pirulos balnearios y comprobar qué hacen los hijos de la gente linda los fines de semana.

También cabe mencionar -¡cómo omitirlo- el masivo consumo de drogas, pese a lo cual se mantiene una ineficiente prohibición, incluso para el caso de aquellas más suaves como la marihuana, respecto de la cual hay diversos estudios que sugieren que no sería tóxica ni produciría acostumbramiento y tampoco sería la puerta de entrada a otras drogas más peligrosas.

Acerca de la marihuana hay tantas dudas como respecto del carácter abortivo de la píldora del día después. Abundan quienes consideran a la marihuana casi inocua y otros en cambio que la consideran simplemente el punto de partida para una trayectoria que inevitablemente terminará en la drogadicción. Pero si hemos de ser realistas, convendremos que pese a la prohibición y a la persecución por parte de las policías, que destinan enormes recursos a esta tarea, con descuido de otras aspectos cruciales para la protección de nuevas vidas y bienes, el consumo de marihuana no deja de acrecentarse.

La persecución judicial y policial sólo consigue incrementar los costos de la marihuana y sus derivados y enriquecer a los traficantes. Con una ingenuidad digna de mejor causa (¿será ingenuidad?), las fuerzas policiales destacan cada cierto tiempo el decomiso de una tonelada, de dos toneladas de marihuana y otras drogas, sin percatarse de que cuando celebran estas “hazañas” están simplemente mostrando el tamaño de la punta del témpano. Si apañan ese volumen, quiere decir que el que se les escapa por entre los dedos o entre las piernas es una cantidad infinitamente mayor, lo que arroja luces acerca de la magnitud del fenómeno del consumo.

Si, como reputados economistas partidarios del libre mercado y del neoliberalismo tan en boga en Chile se han encargado de señalarlo, se liberalizara el consumo de marihuana y se permitiera el cultivo al interior de las casas y departamentos (basta un simple macetero), el precio de este producto se vendría al suelo. Los jóvenes no tendrían entonces que salir a buscar al traficante que les vendiera algún pito, la mayoría de las veces de pésima calidad (lo que sí provoca daños a la salud o los intensifica) y muchos otros adolescentes no tendrían necesidad de recurrir al robo o a los asaltos para reunir los fondos indispensables para pagar a los traficantes.

Seamos realistas, señores politiqueros, estrujen un poco sus escasas neuronas y no caigamos en este aspecto en pechoñerías inadmisibles a estas alturas del siglo XXI. En cada muchacho que opta por consumir marihuana u otras drogas, al Estado no le compete sino reconocer el fracaso de los padres, de la familia, de la escuela, del liceo, de otras entidades como la Iglesia. Por lo demás, no es justo, se me olvidaba el argumento de la equidad, que tanto importa a la Concertación (¡hipócritas, bajo el Gobierno de Lagos se llegó a la mayor concentración del ingreso en la historia moderna de Chile!): no es justo que mientras los jóvenes de Puertas Negras en Valparaíso o La Pincoya en Santiago deban consumir prensada paraguaya, los nietos de los capos de Concertación o de sus patrones del gran empresariado disfruten de coca de primera clase).

Si en aras del realismo las niñas de 14 años pueden decidir si se embarazan o no a consecuencia de su actividad sexual, pudiendo hasta exigir la píldora del día después para zafarse de una situación incómoda, entonces expliquen, señores y señoras politiqueras, por qué razón no podrían tener derecho a decidir si fuman o no marihuana.

En caso de que la respuesta, libre e informada, de esas niñas y sus parejas sea positiva, el Estado debe realistamente evitarles los peligros de dejarlos en manos de narcotraficantes que los expolian al cobrarles precios prohibitivos por cada pito o los intoxican al mezclar la marihuana con productos químicos altamente letales o que generan mayor adicción. El realismo en este caso exige que se permita el cultivo de marihuana en cada vivienda o macetero que se encuentre disponible y así los efectos dañinos de esta decisión criticable (pero respetable) de muchos de nuestros jóvenes se verían atemperados. Estaríamos una vez más en presencia de un Estado realista que sabiamente opta por el mal menor.

Si, por el contrario, se decide mantener la prohibición, se estará dando pruebas de una pechoñería inaceptable e ineficiente. Inaceptable porque supone atropellar el libre albedrío de nuestros jóvenes, e ineficiente porque lo único que se ha conseguido con la mantención de las prohibiciones en esta materia ha sido fortalecer los ingresos de los traficantes y causar daños adicionales a la salud de nuestros jóvenes, a la misma a la que supuestamente se procura defender prohibiendo la venta de cigarrillos en un radio de 100 metros a la redonda de cualquier escuela o liceo.

Esta política de liberalización del consumo de la marihuana y del cultivo para uso personal, podría perfectamente ir acompañada de una auténtica educación en este campo, aquella que no se quiere promover en el caso de la actividad sexual, porque no es educación sexual o afectiva la que se limita a describir al ser humano en términos veterinarios, sin considerar aspectos emocionales y sicológicos en las relaciones de pareja. En el caso de la marihuana y otras sustancias consideradas tóxicas, o drogas o estupefacientes, podría no sólo mostrarse los efectos que la ingesta de estas sustancias provocan en el organismo, sino el impacto sobre la psiquis y el desarrollo emocional de los adictos.

Si nadie podría criticar al Estado impulsar campañas que buscaran convencer a los jóvenes alejarse de las drogas, resulta difícil no arremeter contra la clase política ante la persistencia obtusa de la prohibición para el consumo y cultivo de la marihuana para uso personal. Sólo la chatura intelectual o un pechoñismo impropio de quienes se creen tan modernos puede explicar esta conducta; a menos, claro, que haya dentro de los políticos quienes actúan por encargo de los traficantes, lo que podría llevar sospechar que éstos son importantes contribuyentes de las campañas electorales. No hay otra manera para entender la actitud de tanto politiquero en materia de marihuana, en circunstancias de que en lo tocante a la vida sexual de nuestros jóvenes se presentan tan abiertos y tolerantes en nombre del “realismo”.

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2 Comments:

At 3:12 p.m., Blogger Rotten said...

Legalize, La marihuana es una planta a la final si fuese dañina dios no la fuese cultivado!! att: rotten

 
At 8:58 p.m., Anonymous Crazy Slots said...

This rather valuable message

 

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